viernes, 15 de octubre de 2010

En la recta final

de adioses
aún
no se anuncia ganador...

Las lágrimas no ceden,
los recuerdos les
llevan la delantera.

El sedentarismo
emocional
me anuncia
que sólo
aprendí
a darme a ti,
y la razón
no logra convencerlo
de lo contrario...

Mañana
se liquida
el último alquiler
de una vida
en conjunto,
mientras tanto
lidiaré
con
la camisa de
fuerza
que me autoinflingí
aconsejada
por las lágrimas,
mis más infieles
compañeras...
Las más asiduas,
ciertamente,
desde que te conocí.

Como ruedas

son
las plañideras
que buscan
cada espacio
de tu cuerpo,
tan imperfecto
como tu acento...

les ha dado
por dar
vueltas
en mis ojos
hasta
sacarlos a pasear
a la tumba
de tu recuerdo.

Y allí estás tú:
con el hueco
que te dejé
en los brazos,
con la copa llena
y la cama vacía.

Y yo,
la viuda
de un amor anémico
que aún
lucha por
alimentarse
de mis culpas
y tus aciertos.

Esta vez
los muertos
ya no pueden
ser Lázaros,
pues no
hay milagro
capaz
de
susurrarme al oído
que ande...
Nos unía
tanta sencillez
que
resulta
irrespirable
desterrar
todo
lo que me queda
de ti,
de una existencia
consagrada
al ídolo
de carne y hueso
que adoré.
Hilos de cajón
son los brazos,
la boca
remendándome
nostalgias
y
palabras
pronunciadas
por ojos
que sabían
cómo encontrarse...

Y aún no acabo
de coser
la rueca
con que
un día
me nació
este amor
de trapo
que no acaba de oxidarse...

jueves, 14 de octubre de 2010

Solté el garfio

con que tenía
sujetos los párpados
y dejé de mirarte
dedíaydenochedenocheydedía.

Aún estoy amaestrando
el circo de miedos
que parimos juntos:
quiero cambiárselo
al flautista de Hamelin
por
rodedores
dóciles
que vengan
a arrullarme
y me hipnoticen
para enterrarte.

viernes, 8 de octubre de 2010

Rumbo al olvido

me pregunto
si este viaje sin retorno
aparcará
en el destino
de
cavar una tumba
grande y esplendorosa
a
la jauría
de recuerdos
que devoran
los hilos
con que remiendo
la cordura.

domingo, 3 de octubre de 2010

A puerta cerrada

Este río
en que me convertí
con tanta ausencia
de ti,
no acaba
de
e
v
a
p
o
r
a
r
s
e

Me atrapa,
asalta mi sueño
y se niega
a enterrar
el absurdo
con que te construí.

Santa razón,
cobíjame:
regálame la ruina
de esa muralla de recuerdos.